En Polonia se ha encendido un fuego

¿Cómo anunciar hoy el Evangelio de Jesús, cómo hablar de Dios a personas que viven en los desiertos de las ciudades? ¿Necesitamos profetas como fuego? Muchos sacerdotes no creen en lo que tienen. Hace poco prediqué unos ejercicios espirituales para sacerdotes en Polonia. Vinieron sacerdotes que quieren algo más, conocer cosas nuevas, aprender. Había tanto sacerdotes jóvenes como mayores. Un sacerdote lloró al final, cuando vio qué fuerza tiene la oración de un sacerdote. Les dije a aquellos sacerdotes: „A Polonia se invita al P. Bashobora, al P. Manjackal. Y está bien, Dios se sirve de ellos, pero es que vosotros sois 35 000 en Polonia; entre vosotros se encontrarán miles de Manjackal. Cada uno de nosotros tiene esos dones, pero tenéis que despertar”. Y salir del esquema de que no se puede hacer nada. – Los sacerdotes tienen que creer en el don del sacerdocio, en sus propios carismas. Cada uno de nosotros tiene carismas, porque fue bautizado y confirmado. El Espíritu Santo, cuando empecemos a actuar, ayudará. En Polonia se esconde un potencial enorme. Si tan solo uno de cada diez sacerdotes despertara, viera la plenitud del sacerdocio, saliera al encuentro de la gente y no temiera la opinión de los hombres, ¿se imagina usted lo que pasaría? Hace tiempo dirigí en Chicago un foro carismático que se celebraba bajo el lema: „He venido a traer fuego a la tierra”, y allí ocurrían prodigios, porque la gente quería por fin escuchar a alguien que cree en lo que dice, que él mismo vivió una vez ese encenderse con el fuego. ¿Es ese toque del Espíritu Santo una realidad accesible a todos? No se trata de que todos tengan que ir a un estadio a anunciar el Evangelio. Pero se puede tener una fe carismática trabajando en un hospital, en un centro de cuidados paliativos, como catequista o como periodista. Por esa medianía sucede lo que observamos hoy: la grisura y la mediocridad. ¿Cuántas personas rezan de verdad en las Santas Misas y cuántas tienen una actitud rutinaria ante la Liturgia? ¿Cuántas tienen fe verdadera en lo que sucede en la Iglesia? Eso alcanza también a los sacerdotes. ¿Cómo van a descender sobre nosotros las gracias si no creemos en todo esto? Dios actúa siempre, pero hace falta nuestro empeño. La fe carismática es necesaria especialmente para aquellos que, por el don del sacerdocio, han de encender esa fe en quienes viven en familia, educan a sus hijos y tienen de verdad una vida más dura que la nuestra, la de los clérigos.
P. Piotr Glas
Artículo publicado en el sitio de Nasz Dziennik.

