Hacia el sacerdocio - card. S. Wyszyński

Sois la esperanza del pueblo que clama a Dios…
Cuando hoy, en la Santa Misa en la que se reflejan los rayos de la solemnidad del Corazón de Dios, la Iglesia nos muestra la imagen del Buen Pastor (…), puedo miraros a vosotros como el cumplimiento de la esperanza del pueblo que clama a Dios.
¡He aquí el Buen Pastor!… Para que pudierais ser llamados así, fue necesario un gran trabajo de la santa Iglesia sobre vosotros. Fueron necesarios muchos años de estudio y, junto al trabajo intelectual y de los libros, otro trabajo, ¿acaso no más duro?, el de la formación interior. Conforme a la voluntad de la Iglesia, al modelo de Cristo, a las expectativas y esperanzas del pueblo de Dios, fue necesaria una formación espiritual, adquirir el espíritu y el estilo sacerdotales.
En busca de las ovejas…
¿Acaso no os conmueve la imagen del Buen Pastor, en el Evangelio que hoy se nos recuerda, que no espera a las ovejas, sino que va a buscarlas? ¿Acaso no os conmueven las palabras audaces de Cristo, que os envía no solo a los buenos, sino también a los pecadores? El campo de vuestro trabajo no tiene fronteras. Del sacerdocio de Cristo habéis recibido vuestro Sacerdocio, que es a la vez el de Cristo, para todos. „El sacerdote, tomado de entre los hombres, está puesto en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios”.
Por vuestros caminos pasará el mundo de los pecadores, pues no iréis a los sanos, sino a los que se encuentran mal. No podéis, sin embargo, temer que vuestra alma y la santificada vestidura sacerdotal se manchen en los campos del pueblo de Dios pecador y atribulado.
Cuando Cristo iba a buscar la oveja perdida, no reparaba en las encrucijadas, en las espinas, en los zarzales ni en las rocas. Se fatigó mucho, sudó, se llenó de polvo y se ensució. ¡Pero siguió caminando!… Caminó hasta encontrarla. Y a aquella oveja, quizá la peor, la trató como a la mejor… La tomó sobre sus hombros y la llevó al redil.
¡Amadísimos! Me parece que cada vez más nos hallamos ante una pastoral que no espera, sino que, como Cristo, va, busca y alcanza la victoria. No penséis que la gente se defenderá de vosotros. Quizá discutan con vosotros, os presenten objeciones y a veces incluso se escandalicen de vosotros. En el fondo de esa inquietud y de ese temor del hombre hay, sin embargo, un deseo indefinido y oscuro de Dios.
¡Sois para todos!
(…) ¡Hijos amadísimos! No os está permitido hacer distinciones, pues sois conscientes de que todos son hijos de Dios. Os envío para que vayáis y deis fruto. (…) Es terrible la contraposición entre el mundo de Dios y el mundo de Satanás, de la que hoy se hablaba en el Evangelio. En realidad no se puede ser indiferente: el hombre pertenece a uno o a otro mundo. Si, con todo, alguien quisiera a toda costa contarse por la fuerza entre el mundo de los enemigos de Dios, que no sea a vuestros ojos. ¡A nosotros no nos está permitido pensar así! ¡Sois para todos! ¡Para los amigos y para los enemigos de Dios! A todos habéis de decirles que al final (…) todos compareceremos ante Dios, que se mostrará Padre para todos nosotros.
¡Padres espirituales! ¡Habéis de ir a anunciar la paternidad espiritual a todos los hijos del Padre celestial! Habéis de tener disposición paterna y fraterna, para todos, para los buenos y para los pecadores.
Como el que sirve…
Habéis sido elevados muy alto, adornados y santificados. Las manos del obispo se posaron sobre vosotros, vuestras manos fueron consagradas y cubiertas con la casulla, que significa el amor. ¡Habéis sido elevados! Recordad, sin embargo, amadísimos hijos míos, que toda esa grandeza no es para vosotros, sino para los hijos de Dios. Toda vuestra grandeza sacerdotal habéis de entregarla al servicio humilde de los hijos de Dios…
Quizá venga más de una vez el pensamiento: „Tengo ciencia y un diploma, tengo la ordenación”. Es verdad. Todo eso lo tienes, pero para llegar a ser como el que sirve, y no como el que domina.
¡Todo en el amor!…
¡Los hombres están sedientos de corazón! ¡Están sedientos de amor! ¡Están sedientos de humildad y de servicio humilde! En esa dirección va el desarrollo y la evolución del mundo contemporáneo. A eso tienden todos los cambios sociales. Se trata de ejercer la autoridad ¡por el amor!
¡Sois una generación sacerdotal dotada de un gran poder que debéis ejercer por el amor! No impresionaréis con nada a los pobres hombres de hoy, que desde lo hondo de su alma, formalmente quizá incrédula, claman: „Respice Deus, Protector noster, aspice Deus!”. ¡Míranos, Señor! ¡Mira! ¡Repara en nosotros, hijos tuyos!
A todos los ganaréis para Dios solo por lo que Él es, y Él es Amor. Por el amor ganaréis a los hombres para Dios. Por el amor los uniréis entre sí. No mostréis, pues, vuestro poder ni intentéis atemorizar. No uséis palabras amenazantes ni pronunciéis maldiciones. Amad y servid a todos, y responderéis a los deseos más ardientes del hombre contemporáneo, a todas las nostalgias que señalan a la humanidad de hoy los caminos del desarrollo social.
He aquí, amadísimos, el espíritu en cuyo nombre saldréis de las puertas de la Archicatedral recién consagrada. Llevaréis un espíritu nuevo. Dádselo a quienes aman a Dios y a quienes todavía no lo aman… ¡Que os guíe el Dios bondadoso!
Fuente: Ateneum Kapłańskie, 2/310, 1960.

