Oración de santa Úrsula Ledóchowska

Oh Jesús, eterno Sumo Sacerdote, divino Oferente, que en un impulso incomparable de amor a los hombres, tus hermanos, hiciste brotar el sacerdocio cristiano de tu divino Corazón, no dejes de derramar en tus sacerdotes los torrentes vivificantes de tu amor infinito.
Vive en ellos, oh Señor, transfórmalos en ti mismo, hazlos, por la fuerza de tu gracia, instrumentos de tu misericordia. Obra en ellos y por medio de ellos, y haz que, revestidos enteramente de ti por la fiel imitación de tus adorables virtudes, realicen, con la fuerza de tu nombre y de tu espíritu, las obras que tú mismo hiciste por la salvación del mundo.
Divino Redentor de las almas, mira cuántos yacen todavía en las tinieblas del error. Cuenta las ovejas descarriadas que rondan el abismo, contempla las multitudes de pobres, hambrientos, ignorantes y débiles que gimen en el abandono. Vuelve a nosotros, oh Jesús, por medio de tus sacerdotes. Revive en ellos realmente, actúa por medio de ellos y recorre de nuevo el mundo enseñando, perdonando, consolando, sacrificándote y anudando otra vez los santos lazos de amor que unen el Corazón de Dios con el corazón del hombre. Amén.

