Oraciones por los sacerdotes

Rosario por los sacerdotes - todos los misterios - P. Szymon Mucha

MISTERIOS GOZOSOS

1. La Anunciación
La Anunciación es el comienzo de la obra de la redención. „Dios envió al ángel Gabriel a una Virgen y le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Concebirás y darás a luz un Hijo, y le pondrás por nombre Jesús” (Lc 1, 26). El Hijo de Dios tomó carne de María y se hizo hombre. Hay que cumplir la voluntad de Dios como Ella.

Te pedimos, Señor, por nuestras familias, para que por la fe y la oración estén abiertas a acoger la llamada y la vocación de Dios. Jesús, haz nuestros corazones semejantes al tuyo.

2. La Visitación a Isabel

El ángel dijo a María: „También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez” (Lc 1, 36). María fue a ayudarla. Isabel la saludó: „¿Quién soy yo para que venga a mí la madre de mi Señor?”. Señor, acrecienta en nosotros el espíritu de entrega y de sacrificio por el prójimo.
La vocación sacerdotal no es solo un don personal de Dios para el hombre elegido. Es un don para toda la comunidad, que espera que el sacerdote le traiga a Jesús.

Te pedimos, Señor, ese don, sobre todo allí donde faltan sacerdotes. Jesús, haz nuestros corazones semejantes al tuyo.

3. El Nacimiento de Jesús
„Por aquellos días… José subió a Belén…”. Allí María dio a luz „a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre” (Lc 1, 1-7). Cada niño bautizado es un pesebre para Jesús, que da la esperanza de la vida eterna.

Te pedimos, Señor, por las personas indiferentes y vacilantes en la fe, para que se abran a las gracias que nos das por el ministerio de cada sacerdote. Jesús, haz nuestros corazones semejantes al tuyo.

4. La Presentación de Jesús

Sus padres „llevaron al Niño a Jerusalén para presentarlo al Señor” (Lc 2, 22). También a nosotros el Espíritu Santo nos conduce al templo para encontrar con alegría al Salvador en su palabra y en los sacramentos, y para crecer en sabiduría y en gracia ante Dios y ante los hombres.
El sacerdocio está unido inseparablemente al sacrificio: al sacrificio de Cristo, pero también a la renuncia personal, por Él, a la casa, la familia, los amigos…

Te pedimos, Señor, que los jóvenes no duden en renunciar por ti a lo que el mundo les propone y en elegir el camino de la vocación sacerdotal. Jesús, haz nuestros corazones semejantes al tuyo.

5. El Niño Jesús hallado en el templo

Cuando Jesús tenía doce años, durante la Pascua sus padres lo perdieron. „A los tres días lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas” (Lc 2, 46). También nosotros buscamos a Jesús y lo encontramos en el templo.
La vida del sacerdote no puede ser como la de los laicos. También él debe ocuparse de las cosas de su Padre.

Te pedimos, Señor, que con nuestra oración ayudemos a los sacerdotes a crecer en el camino de su vocación. Jesús, haz nuestros corazones semejantes al tuyo. 

MISTERIOS LUMINOSOS

1. El Bautismo de Jesús en el Jordán
„Jesús recibió de Juan el bautismo en el Jordán. Al salir del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu que bajaba sobre Él como una paloma. Y del cielo se oyó una voz: Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco” (Mc 1, 9). Por el bautismo nos hacemos hijos de la luz, amados por Dios.
Los fieles, al mirar a su pastor, quieren ver a Cristo que enseña y perdona.

Te damos gracias, Señor, por cada obispo y cada sacerdote por medio de los cuales nos has concedido los dones sacramentales. Jesús, haz nuestros corazones semejantes al tuyo.

2. El primer milagro en Caná
En las bodas de Caná de Galilea resultó eficaz la súplica de María: „No tienen vino” (Jn 2, 3). Jesús convirtió el agua en vino y así „manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en Él” (Jn 2, 11). El milagro de Caná es también para nosotros luz de fe.
El sacerdote, a ejemplo de María, se preocupa por la comunidad y no deja de repetir: „Haced todo lo que Jesús os diga”.

Te damos gracias, Señor, por la solicitud de cada sacerdote hacia el rebaño que le has confiado. Que dé fruto en la conversión de muchos corazones humanos. Jesús, haz nuestros corazones semejantes al tuyo.

3. El anuncio del Reino de Dios
Jesús „iba por ciudades y aldeas enseñando y anunciando el Evangelio del Reino de Dios” (Lc 8, 1). Su enseñanza y su llamada a la conversión tienden a que brillemos con su semejanza.
El sacerdote ha de ser luz clara e indicador legible que oriente hacia Dios. Ha de ser el primero en creer, en acoger el Evangelio en su corazón y en anunciarlo con fe.

Te damos gracias, Señor, por el testimonio de vida de cada sacerdote. Que sea para nosotros ejemplo de cómo vivir según las indicaciones de tu Evangelio. Jesús, haz nuestros corazones semejantes al tuyo.

4. La Transfiguración del Señor
Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y a Santiago y subió al monte; y mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos se volvieron de una blancura resplandeciente. Y de la nube salió una voz: „Este es mi Hijo, el elegido; escuchadlo” (Lc 9, 35). La breve experiencia de la gloria divina de Cristo hizo tan felices a los discípulos que deseaban quedarse allí.

Te damos gracias, Señor, por los sacerdotes santos. Que su ejemplo anime a los demás sacerdotes a no abandonar nunca el camino elegido. Jesús, haz nuestros corazones semejantes al tuyo.

5. La institución de la Eucaristía
El Salvador instituyó en la Última Cena el Sacrificio eucarístico: „sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual en el cual se come a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria futura” (SC 47). No hay Eucaristía donde no hay sacerdote.

Te damos gracias, Señor, porque te has quedado con nosotros en el don de la Eucaristía y porque en nuestra patria no faltan sacerdotes. Ojalá queramos acercarnos con frecuencia a esa mesa que preparas para nosotros con abundancia. Jesús, haz nuestros corazones semejantes al tuyo.

MISTERIOS DOLOROSOS

1. La oración en el Huerto de los Olivos

Después de la Última Cena, Jesús „salió al monte de los Olivos; lo acompañaban también sus discípulos… y les dijo: Orad para no caer en la tentación”. Después oró: „Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22, 43). Jesús redimió al mundo. También nuestros sufrimientos tienen fuerza salvadora para nosotros y para el prójimo.
Nos gusta que el sacerdote dirija bellamente las oraciones. Lástima que no veamos cuando, en soledad, las adorna a veces con una lágrima silenciosa.

Dándote gracias, Señor, por el don de la oración sacerdotal, te pedimos: renueva el espíritu de oración en el corazón de aquellos sacerdotes que ya no rezan. Y que por nuestra parte nunca falte la oración por los sacerdotes. Jesús, haz nuestros corazones semejantes al tuyo.

2. La flagelación
„Pilato mandó azotar a Jesús” (Jn 19, 1). „Él soportaba nuestros sufrimientos y aguantaba nuestros dolores, y nosotros lo estimamos como un condenado” (Is 53, 4). Jesús padeció la flagelación por nuestros pecados de la carne.
El sufrimiento tampoco pasa de largo ante los sacerdotes…

Dándote gracias, Señor, por los sacerdotes que, a pesar de la enfermedad y del peso de los años, te sirven de todo corazón, te pedimos: fortalece a quienes han dejado el sacerdocio, desalentados por las dificultades y los fracasos. Que nuestra oración y nuestro sufrimiento ofrecidos por ellos les alcancen la gracia del regreso. Jesús, haz nuestros corazones semejantes al tuyo.

3. La coronación de espinas
„Trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza, y en la mano derecha una caña. Después se arrodillaban ante Él y se burlaban diciendo: Salve, rey de los judíos” (Mt 27, 28). Hoy la corona son sobre todo nuestros pecados. Perdona, Señor, nuestra soberbia.
Cuántos se alegran hoy de las debilidades sacerdotales hechas públicas.

Dándote gracias, Señor, también por ese sacerdote débil a quien, sin embargo, tú elegiste y llamaste, no dejamos de pedirte: arráncalo del poder del mal y enciende de nuevo en él el fuego de tu amor. Jesús, haz nuestros corazones semejantes al tuyo.

4. Jesús con la cruz a cuestas
„Pilato entregó a Jesús para que lo crucificaran” (Jn 19, 16). Durante el camino de la cruz padeció con Él su Madre. Jesús nos dice: „El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome cada día su cruz y me siga” (Lc 9, 23). Señor, danos fuerza para llevar la cruz de nuestros deberes.
La cruz sacerdotal no son solo los deberes y las preocupaciones personales. Es tomar sobre los propios hombros la responsabilidad por la Iglesia.

Dándote gracias, Señor, por los buenos pastores que cuidan de sus ovejas, te pedimos: perdona a aquellos sacerdotes que se han convertido en causa de escándalo. Que en tu Misericordia encuentren la fuerza para levantarse de su caída. Jesús, haz nuestros corazones semejantes al tuyo.

5. La crucifixión

„Era la hora tercia cuando lo crucificaron” (Mc 15, 25). „¡Está cumplido!” (Jn 19, 30). Por la obediencia al Padre, Jesús reparó la desobediencia de Adán y de sus descendientes. Por la pasión y la muerte en la cruz nos libró del pecado y de la muerte eterna. Nuestro afán ha de ser vivir en Cristo y caminar con Él hacia el Padre en el cielo.
Si Jesús mostró con su muerte que „nos amó hasta el extremo”, el sacerdote no puede obrar de otro modo. Debe permanecer fiel a su vocación, incluso cuando lleguen la vejez y la pérdida de fuerzas.

Dándote gracias, Señor, por los sacerdotes a quienes has permitido llegar a una edad avanzada, te pedimos que quienes ahora comienzan su sacerdocio perseveren hasta el final, gozando de ese gran don y compartiéndolo con las personas entre las que les toque trabajar. Jesús, haz nuestros corazones semejantes al tuyo.

MISTERIOS GLORIOSOS

1. La Resurrección
„El ángel dijo a las mujeres: Vosotras no temáis, pues sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí, ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde yacía” (Mt 28, 5-6). Su resurrección nos da la certeza de que también nosotros resucitaremos.
El sacerdote ha de ser, ante la comunidad, el primero en creer que Cristo vive y está presente en su Iglesia. Cree en la victoria del bien sobre el mal.

Te damos gracias, Señor, por cada sacerdote que sabe vencer el mal con el bien, con el amor y con el perdón. Enséñanos a lograr también en nuestra vida esas victorias. Jesús, haz nuestros corazones semejantes al tuyo.

2. La Ascensión del Señor

Jesús „sacó a los discípulos hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo. Y mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo” (Lc 24, 50). Los ángeles dijeron: „¿Por qué seguís mirando al cielo? Ese Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto subir al cielo” (Hch 1, 10). Jesús que subes al cielo, danos la gracia de anhelarte.
En la vida del sacerdote no hay lugar para el compromiso, para el pacto tácito del bien con el mal. Hay un solo camino: haz el bien, evita el mal.

Te damos gracias, Señor, por cada sacerdote que se entrega por completo a su vocación, con la mirada puesta en el cielo. Siguiendo a un sacerdote así, seguro que no me perderé. Jesús, haz nuestros corazones semejantes al tuyo.

3. La venida del Espíritu Santo

„Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos juntos… De repente se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba impetuosamente, y llenó toda la casa… Se les aparecieron lenguas como de fuego, que se posaron sobre cada uno de ellos. Y todos quedaron llenos del Espíritu Santo” (Hch 2, 1). Espíritu Santo, derrama el amor en nuestros corazones, da luz a nuestra inteligencia y fuerza a nuestra voluntad para perseverar.
El sacerdote que se deja guiar por las inspiraciones del Espíritu Santo unirá siempre a los hombres, pero no en torno a sí mismo, sino en torno a Cristo, que lo eligió y lo llamó.

Te damos gracias, Señor, por cada sacerdote que lleva en sí el Espíritu de Dios y con ese Espíritu enciende los corazones de los demás. Jesús, haz nuestros corazones semejantes al tuyo.

4. La Asunción de la Santísima Virgen María

María estuvo tan estrechamente unida a su Hijo que era conveniente que estuviera con Él en el cielo en cuerpo y alma. Esta verdad nos dice que „la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”. María, ayúdanos sin cesar desde el cielo.
También el corazón sacerdotal ha de estar enteramente entregado a Dios. No puede ser esclavo de nadie, solo esclavo del amor que es Dios.

Te damos gracias, Señor, por los sacerdotes que han madurado hasta entregarse a la esclavitud del amor de María y, como Ella, te sirven fielmente. Jesús, haz nuestros corazones semejantes al tuyo.

5. La coronación de la Santísima Virgen María

„Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza” (Ap 12, 1). „El que me encuentre, encontrará la vida y alcanzará el favor del Señor” (Prov 8, 35). Santísima Virgen, sé nuestra Madre y Reina, sé también nuestra Abogada, Mediadora y Consoladora. Deseamos ser tan solo pequeñas estrellas que embellezcan tu corona.
Reina victoriosa del cielo y de la tierra, la que aplasta la cabeza de la serpiente. Y por grande que sea el mal de este mundo conjurado contra un sacerdote, si se confía a María, él será testigo de cómo su Inmaculado Corazón triunfa en los corazones de las personas que le han sido confiadas.

Te damos gracias, Señor, por la victoria que María obtiene en tantos corazones sacerdotales que se han puesto bajo su amparo y, por medio de su ministerio, obtiene la victoria en tantos corazones humanos. Jesús, haz nuestros corazones semejantes al tuyo.

Padre del cielo, a tu protección encomendamos a nuestros pastores,
que nos dan el pan de la Palabra de Dios y el pan Eucarístico.
Dales fuerzas para el trabajo y un corazón paterno,
para que por su ministerio podamos llegar a la salvación. Amén.

P. Szymon Mucha

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