Oraciones por los sacerdotes

Vía Crucis por los sacerdotes - P. Franciszek Grudniok

Comenzamos el Vía Crucis, que dedicamos por entero a la oración por los sacerdotes. El Santísimo Sacramento, el mayor tesoro que posee la Iglesia, se halla en manos sacerdotales. Al rezar por los sacerdotes, rezamos para que la Eucaristía sea rodeada de la debida veneración.

Estación I
EL SUMO SACERDOTE INJUSTAMENTE JUZGADO

Era santo y, sin embargo, los hombres dictaron contra Él una sentencia injusta. Fueron capaces de acusar al Sumo y Santo Sacerdote. ¿Qué no harán con esos hombres pecadores y no santos a quienes Dios llama a lo largo de los siglos al ministerio sacerdotal? ¿Cuántas sentencias injustas, cuántos juicios hirientes, cuántas críticas infundadas pronuncia el mundo contra los sacerdotes? ¿Quién puede juzgar con justicia a un sacerdote, sino Dios mismo? Ningún hombre es capaz de ello.
¡Señor Jesús! Perdona todos nuestros juicios injustos, los que hemos pronunciado contra tus sacerdotes.

Estación II
EL SUMO SACERDOTE TOMA LA CRUZ SOBRE SUS HOMBROS
La cruz es el altar sobre el que el Sumo Sacerdote ofrecerá el único Sacrificio capaz de reconciliar al mundo con Dios. Toda vocación sacerdotal es una llamada a llevar la cruz, a la responsabilidad por la salvación de muchos. Una de las vocaciones más difíciles de la tierra.
¡Señor Jesús, que extiendes tus manos hacia el madero de la cruz! Te pedimos que los sacerdotes respondan a tu llamada. Que cumplan su vocación hasta el final, tal como lo desea tu Corazón Sacerdotal.

Estación III
EL SUMO SACERDOTE CAE BAJO EL PESO DE LA CRUZ

Señor Jesús, tus fuerzas humanas resultaron demasiado escasas ante el peso de la salvación del mundo. Tus rodillas se doblaron bajo el peso de la cruz. En la tercera estación rezamos por los sacerdotes más jóvenes, que dan sus primeros pasos en el nada fácil camino de la vida sacerdotal. En especial por aquellos que se doblan bajo el peso de su vocación.
¡Señor Jesús! Haz que, sostenidos por tu gracia, logren llevarla a término.

Estación IV
EL SUMO SACERDOTE SE ENCUENTRA CON SU MADRE
La Madre de Jesús participa en su sacrificio sacerdotal. Está muy cerca. Es una gran dicha tener cerca a una Madre que ama y sostiene. Ningún corazón en la tierra comprende tan perfectamente la vocación sacerdotal como el corazón de la madre de un sacerdote. Mientras late, participa en su vida sacerdotal.
¡Madre Dolorosa! Acoge en tu Corazón a las madres de los sacerdotes. Enséñales el difícil arte de acompañar a sus hijos en el camino de su vocación.

Estación V
SIMÓN DE CIRENE AYUDA AL SUMO SACERDOTE A LLEVAR LA CRUZ
El sacerdote debe saber colaborar con los hombres, incluso cuando ellos se implican de mala gana en las cosas de la salvación.
¡Señor Jesús, que aceptas la ayuda de Simón! Enséñanos cómo ha de ser la obra común de sacerdotes y laicos en la salvación del mundo. Concede a todos los sacerdotes la gracia de colaborar con los laicos, para que sepan asumir juntos el esfuerzo de la responsabilidad por la santificación de la humanidad.

Estación VI
SANTA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DEL SUMO SACERDOTE

Los hombres de hoy no pueden alcanzar tu rostro, Señor, pero sí pueden alcanzar el rostro de tus sacerdotes. ¿Cuántas veces al día lo golpean y lo desfiguran? Basta mirar la pantalla del televisor para ver la imagen desfigurada de tu sacerdote.
Haz, Señor Jesús, que aparezcan manos capaces de descubrir la belleza del rostro de tu sacerdote. Hoy hace falta mucho valor para enjugar en el mundo actual un rostro sacerdotal desfigurado.

Estación VII
EL SUMO SACERDOTE CAE POR SEGUNDA VEZ

Señor Jesús, que te levantas de la caída, te pedimos las gracias necesarias para los confesores. Levantar a los hombres de sus caídas no es cosa fácil. Llena los corazones sacerdotales de tu sabiduría, tu paciencia y tu amor, para que sepan levantar a quienes han caído en el pecado. Que los confesonarios sean lugar donde muchos se levanten, donde se levante nuestra Nación.

Estación VIII
EL SUMO SACERDOTE AMONESTA A LAS MUJERES
Amonestar a otra persona de modo que la amonestación dé fruto es un gran arte. El sacerdote es responsable de amonestar, de enderezar los caminos del pensamiento humano. Sobre todo cuando los hombres se desvían por sendas que llevan lejos de Dios.
¡Señor Jesús, que amonestas a las mujeres de Jerusalén, concede a los sacerdotes que suben al púlpito el espíritu de amor fraterno, necesario para amonestar con eficacia a los que yerran!

Estación IX
EL SUMO SACERDOTE CAE POR TERCERA VEZ
Señor, que te levantas de la tercera caída, te presentamos nuestra oración de reparación por los escándalos que dan los sacerdotes. Cuando aquel que debe santificar y unir con Dios lleva al pecado, enseña a pecar y destruye al hombre, comete uno de los pecados más graves que pueden cometerse en la tierra. El escándalo dado por un sacerdote es difícil de reparar. Pasan los años y la herida abierta no deja de sangrar.
Te pedimos, Sumo Sacerdote, la gracia de tu Misericordia para cada sacerdote que en la tierra ha sido causa de escándalo.

Estación X
EL SUMO SACERDOTE DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS
El Sumo Sacerdote lo entrega todo, hasta la ropa. El sacerdocio está unido inseparablemente al sacrificio, a la entrega de todo lo temporal y material. A nosotros, los hombres, nos cuesta mucho madurar hasta ser capaces de ofrecerlo todo.
¡Señor despojado de tus vestiduras, te pedimos que los sacerdotes no cedan a la tentación del materialismo y de la codicia! Muéstrales la belleza de la pobreza entendida según el Evangelio.

Estación XI
EL SUMO SACERDOTE CLAVADO EN LA CRUZ
Ha llegado tu hora, el tiempo del sufrimiento y de la ofrenda plena. Con tu sangre brota la oración de perdón por quienes te dan muerte. Enseña, Señor, a tus sacerdotes el amor que perdona, enséñales a vencer con el amor cuando caen en manos de sus enemigos. Solo cuando ellos mismos lo logren podrán enseñar el difícil amor a los enemigos a quienes les han sido confiados.

Estación XII
EL SUMO SACERDOTE OFRECE SU ÚNICO SACRIFICIO
El Gólgota es el lugar de la reconciliación de la tierra con el cielo. Ojalá todos los sacerdotes, de pie ante el altar, tengan siempre conciencia de que hacen presente tu sacrificio cruento. Ojalá ellos mismos aprovechen plenamente sus frutos y sepan repartirlos a los demás. El Gólgota es la fuente de la vocación sacerdotal. Allí nace y allí se cumple.
¡Señor Jesús, que mueres en la cruz, te damos gracias por el don de las vocaciones sacerdotales! ¡Gracias porque los sacerdotes pueden hacer presente para nosotros en la tierra tu Santísimo Sacrificio!

Estación XIII
EL CUERPO DEL SUMO SACERDOTE PUESTO EN EL SEPULCRO
¡Señor Jesús! Los tuyos —tu Madre, Juan el Apóstol, José de Arimatea y Nicodemo— pusieron tu Cuerpo en el sepulcro. Atormentado y muerto, al tercer día resucitó. Tus sacerdotes ponen tu Cuerpo en los corazones humanos. La Eucaristía ha de conducir a la resurrección gloriosa a todos los que reciben tu Cuerpo. Ojalá nunca falten en la tierra sacerdotes que distribuyan la sagrada Comunión.
En esta estación te damos gracias por cada una de las manos sacerdotales que reparten como alimento tu Santísimo Cuerpo.

Estación XIV
EL SEPULCRO DEL SUMO SACERDOTE
El sepulcro del Sumo Sacerdote está vacío. Él está sentado a la derecha del Padre para interceder por nosotros. Y en la tierra actúa por medio de los corazones, los labios y las manos de los sacerdotes. La gran obra sacerdotal continúa.
En la última estación te pedimos, Señor Jesús, Sumo Sacerdote nuestro, que acojas junto a ti a todos los sacerdotes difuntos y les concedas participar de tu gloriosa Resurrección.

P. F. Grudniok

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