
La oración de los laicos por los sacerdotes.
Es ante todo un signo de amor a los sacerdotes. Por lo demás, no es posible rezar por alguien a quien no se ama. La oración siempre es posible. Rezan seguramente sobre todo aquellos que no pueden sostener económicamente las iniciativas pastorales, que no pueden ofrecer una ayuda profesional. En cambio, sí pueden rezar. La oración es, en general, la mejor reacción ante todo lo que sucede. La única reacción sensata ante la debilidad de los sacerdotes es la oración por su intención; por la conversión de los pecadores, por la preservación de los buenos frente al mal: No te pido que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno (Jn 17,15). Dicho de otro modo, asumir la oración por alguien es un testimonio de sabiduría. Seguramente será especialmente valiosa la oración por un sacerdote que no nos resulta necesariamente simpático. La oración por los sacerdotes es también una prueba de imaginación. Rezará por los sacerdotes quien intuye, comprende y se hace cargo de las dificultades que ellos experimentan. Es también un signo de benevolencia discreta, quizá incluso… ¿de amor a un sacerdote concreto?
Mi sacerdocio.
El sacerdocio es para mí una aventura fascinante. Como sacerdote no me aburro. El sacerdocio es algo que me sigue gustando. En mi sacerdocio pasan continuamente muchas cosas. No tengo el deseo ni la necesidad de sentirme como un laico, ni siquiera por poco tiempo. El sacerdocio es para mí compartirlo todo con Cristo. Ir de la mano con Cristo por la vida: eso es el sacerdocio. Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas (Lc 22,28): esa es para mí la quintaesencia de ser sacerdote.
P. Waldemar


