
Os doy las gracias de corazón por vuestra oración. Qué le vamos a hacer, somos —como dijo san Pablo— vasijas de barro, tan frágiles, expuestas a romperse. Y tanto más cuanto que hoy contra esas vasijas frágiles se lanzan piedras con fuerza y, por desgracia, a veces uno puede resquebrajarse. Menos mal que hay quienes pegan esos «cascotes» con su oración. Con gran humildad reconozco que soy uno de esos cascotes, y me asombra que el Señor tenga paciencia conmigo. Qué consoladoras son las palabras sobre el Señor Jesús: que la caña cascada no la quebrará y el pábilo vacilante no lo apagará. El tiempo de hoy es exigente y a nosotros a menudo nos faltan fuerzas. Y encima el «maligno» no duerme. Por eso necesito mucho apoyo y doy gracias por ese sostén. P. Jan

