
Mi camino en la Misión comenzó en el momento en que leí en «Gość Niedzielny» una invitación a sostener de modo especial y espiritual a los sacerdotes y presenté mi disponibilidad a participar. Con temblor, con deseo y con nostalgia esperaba noticias de las hermanas, y sucedió: «…para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea plena». Y así han pasado 13 años desde mi incorporación personal y mi perseverancia en la oración en la BMWK por el sacerdote que me fue confiado y por todo el clero. Aquel tiempo fue y sigue siendo un tiempo especial, aunque no fácil, un tiempo de mirar y escuchar a Jesús, de crecer y madurar para nuevos desafíos y de dar testimonio de lo que es de Cristo. Es un tiempo de perseverar con gran confianza y sosiego, con la lámpara encendida, de experimentar el Amor. Me alegra poder ofrecer al menos esto, dar de mí para un bien mayor, para el servicio fiel, generoso y pleno del sacerdote que me fue confiado. Se me concedió unirme al grupo que reúne a personas que rezan por los sacerdotes. Desde hacía tiempo había en mí el deseo de estar en una comunidad orientada así, donde al sacerdote se le trata con dignidad, con respeto y con amor. Doy gracias a Dios por el don de estar presente en la pequeña Betania. Maria

