Testimonio de una persona que reza

Testimonio de Marta Przybyła

Testimonio de Marta Przybyła

EL ALZACUELLOS BLANCO

Me crie en una casa anticlerical. Desde que tengo memoria, mi padre hablaba con gran desprecio de la Iglesia y de los sacerdotes, usando un vocabulario que no voy a citar.

Una niña pequeña escuchaba relatos brutales sobre los crímenes que a lo largo de los años cometió la Iglesia católica, entre otros la santa inquisición.

Recuerdo la prensa anticlerical que él devoraba.

A menudo oía hablar de las riquezas acumuladas, de los delitos sexuales, sencillamente de la llamada «mafia negra».

Me bautizaron para que la abuela no diera la lata. Hasta la Primera Comunión no hubo ningún contacto con la Iglesia, ni siquiera la cestita de Pascua, es decir, el mínimo de los mínimos del católico ocasional. El sacerdote vino de visita navideña una sola vez. Mi padre le soltó una retahíla de groserías y casi lo tira por las escaleras.

Después de la Primera Comunión, a la que me mandaron por el enorme respeto que se tenía a mi piadoso abuelo, para que no le diera un infarto, no crucé el umbral de un templo durante 23 años. Fui la única de la escuela que se negó a recibir el sacramento de la confirmación. Fue el tiempo en que empecé a empaparme de ambientes oscuros. Música con letras blasfemas, fascinación por el satanismo, el ocultismo, la parapsicología. En general, por el mal, cuyas raíces no hay que buscar muy lejos (mi padre era fan de Hitler).

Iba abriendo nuevas puertas a la acción del espíritu maligno. Al ver una sotana o un hábito sentía sencillamente odio; más de una vez me pasó insultar a alguien por la calle, así sin más. A mis ojos todos los «negros» eran un «copiar y pegar» de los relatos de mi padre. Llegó el momento en que decidí apostatar. Buscaba en internet la información necesaria. Sin embargo, Jesús decidió luchar por mí. Unos conocidos creyentes empezaron a hablar de la experiencia de Dios, de Misas con oración de sanación. Yo me burlaba. «Cómo se puede ser tan ingenuo en estos tiempos. ¡Qué gente más atrasada!»

Al cabo de un tiempo fui con ellos. Un poco para reírme de aquellos beatos iluminados, un poco para demostrarles que todo era un montaje, y un poco… por envidia, porque cuando hablaban de Jesús tenían dentro algo extraño: una paz interior extraordinaria. Yo no había tenido una experiencia así durante años, balanceándome entre la agresión y la depresión y corriendo detrás de sucedáneos de felicidad. La impureza, otra relación tóxica tras otra, cada vez más alcohol y otras sustancias. En general, la oscuridad y la sensación de desesperanza hacían que los pensamientos de acabar con mi vida fueran cada vez más frecuentes.

Al final fui con los «iluminados». Mataba con la mirada a los reunidos en el templo, sentada en una postura despectiva durante toda la Misa. También durante la consagración. ¿Ante quién tengo que arrodillarme? ¿Ante un círculo blanco?

Cuando empezó la adoración, miraba cómo el tipo del alzacuellos metía el círculo blanco en un solecito dorado con pie, sacado de un armario dorado. Y justamente entonces, cuando empecé a mirar sin pensar aquel círculo blanco, experimenté un amor imposible de describir, una paz total, el corazón ardiendo y un torrente de lágrimas. No sabía qué me estaba pasando. Fue la experiencia más real de mi vida.

Comenzó el proceso de conversión.

Desde aquel día memorable, es decir el 18.12. de 2016, ha pasado ya algún tiempo. Mi vida cambió por completo. Actualmente trabajo en la fundación «Adoremus Te Christe», que se dedica a crear capillas de adoración perpetua. Antes difundía en las parroquias la «Entrega a María».

Desde hace casi cuatro años comparto el testimonio de la experiencia de Dios. Si no hubiera sido por el sacerdote que expuso en el altar el Corazón de Dios, ¿estaría yo en el lugar en el que estoy? La confesión general después de veintitrés años y todas las siguientes: «a quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados…»

La Sagrada Comunión: «haced esto en memoria mía»

Me encuentro con muchos sacerdotes. En los contactos del teléfono tengo más sacerdotes que laicos. ¿Me encuentro solo con alzacuellos maravillosos? No… ¿He sufrido disgustos, malos tratos por su parte? Claro que ocurre. ¿Me alimentaba mi padre solo de mentiras? No solo… En la Iglesia hay mucho mal, es verdad, pero hay una inmensidad de bien y de belleza que se calla y no se muestra. Cuando en un mantel blanco hay una mancha de vino tinto, nadie dirá que el mantel está limpio; todos se fijarán en lo que rompió la blancura. Así se presenta a la Iglesia en los medios.

Soy consciente de que la mancha existe y estoy lejos de barrer debajo de la alfombra.

Amo a la Iglesia. En lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, y por eso rezo por la intención de los sacerdotes.

He discernido el camino de la vida célibe.

El 1 de agosto de 2024 haré votos privados y perpetuos de castidad. He decidido ofrecerlos precisamente por los sacerdotes, en especial por su pureza.

Necesitan oración, porque están en la primera línea del frente de la lucha espiritual, que de forma perceptible va en aumento.

Hace unos días me vino la inspiración de organizar una colecta cuyo fin sería encargar treinta Misas, día tras día, por la intención de los pastores. En un solo día se reunió una cantidad que permitirá encargar Misas para todo el año: doce series de treinta. Me edifica la respuesta de la gente. Es señal de que sienten en el corazón el impulso de asaltar el cielo por aquellos sin los cuales el cielo no baja al altar.

Marta Przybyła

Facebook «Aquí se VIVE hasta la muerte»

Resumen de la iniciativa «El Alzacuellos Blanco»

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